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Duisburg, un gigante que se hunde

 

 

Que el deporte femenino tiene que lidiar con los problemas económicos en cualquier parte del mundo es algo obvio. No hay fórmula mágica y la película ya no va por países, sino por barrios. En los últimos años han existido varios tipos de ligas semiprofesionales, desde las más liberales y ambiciosas a las más centralizadas y austeras. Habitualmente se mira a Europa como un modelo, el lugar donde el fútbol femenino crece lento pero seguro, donde se prima ante todo la estabilidad. Pero en lo que llevamos de crisis mundial, esto ha demostrado no ser un axioma válido. Los dos grandes destinos europeos, Suecia y Alemania, no han estado exentos de problemas económicos de mayor o menor intensidad. Últimamente hemos visto caer en quiebra al Dalsjöfors, que compitió en Damallsvenskan durante el 2011; Örebro se ha salvado por ahora del desastre gracias a un rescate milagroso y ni siquiera los grandes como el LdB Malmö han escapado al azote de la crisis. En Alemania las diferencias entre clubes es mayor de lo que cabría imaginar. Casos de insolvencia como el del Hamburger SV el año pasado, fulminado de la noche a la mañana y con una urgencia que no aguantó la finalización de la Bundesliga, dan una medida bastante cruda de la realidad en algunos equipos de cola.

Hace unos días Duisburg solicitó abrir un procedimiento de insolvencia, incapaz de pagar los salarios de las jugadoras y a algunos proveedores desde el 15 de Enero. El histórico club tiene un plazo limitado para encontrar una salida al problema y sanear sus cuentas, que podrían acumular un agujero de hasta 200.000 euros según algunas fuentes. Los salarios de las jugadoras y del personal están protegidos durante tres meses a partir de aceptarse la nueva situación y la venta de las propias futbolistas no se ve como una solución práctica, por lo que las Ando, Islacker y compañía seguirán en el equipo hasta el final. El club está trabajando estrechamente junto a la federación y el administrador concursal para tratar de acabar la temporada en la primera categoría de la Bundesliga y evitar el descenso o la desaparición mientras se dispute la competición, un escenario que podría darse aún.
Como pasara en el caso del LdB Malmö, una de las probables salidas a la situación puede llegar con un acuerdo de colaboración con el equipo de hombres local, el MSV Duisburg, con el que se establecerán algunos contactos a mitad de la semana próxima.

El caso del FCR 2001 Duisburg es el caso de un gigante herido de gravedad. Su caída definitiva sería la más significativa del fútbol femenino europeo en lo que llevamos de década y de hecho ya ha forzado algunos cambios en Alemania, como la puesta en marcha de una auditoría especial para clubes de la categoría en futuras ediciones de la Frauen Bundesliga. Es un caso especial, por la entidad del club que se trata, cuyas raíces se remontan tres décadas atrás y que hace menos de un lustro ganó una Champions League (entonces todavía UEFA Cup) con un plantel de jugadoras que incluía a las ahora estrellas Lira Bajramaj, Alex Popp, Simone Laudehr o Inka Grings. Pese a estar en clara decadencia deportiva en los últimos años, Duisburg sigue siendo un referente en la castigada Cuenca del Ruhr y Alemania en general, atrayendo a jugadoras de primer nivel. Su situación actual a cuatro puntos del descenso, no refleja la calidad de una plantilla que lleva meses aguantando señales de hundimiento, relación difícil con sus principales patrocinadores y salidas repentinas como la del entrenador Marco Ketelaer.